SOBRECARGAS SENSORIALES - El blog de CerQana

SOBRECARGAS SENSORIALES Qué son y cómo gestionarlas

¿QUÉ SON?

Una sobrecarga sensorial se da cuando uno (o más) de nuestros sentidos se siente estimulado de forma excesiva, nuestro cerebro recibe tanta información que no puede procesarla.

Las personas con autismo pueden sufrir sobrecargas sensoriales debido a diversos motivos. Pueden darse en un centro comercial lleno de gente, al oír ciertos sonidos que pueden resultar muy molestos, olores muy fuertes…etc.

Es importante detectar cuando una persona está sufriendo una sobrecarga sensorial, para evitar pensar que se trata de una “rabieta” o mania.

Aprovechamos para extraer una parte del post escrito por Aitor Lg, (haz clic aquí si quieres ver su blog) en el que diversas personas con autismo describen cómo se sienten al sufrir una sobrecarga sensorial.

CÓMO SE SIENTEN

La primera de las aportaciones la facilita Shayna y nos dice que “siento como si mi cabeza estuviera implosionando. Desarrollarlo se vuelve abrumador, pero una sobrecarga es como…, como si tu cerebro dejara de existir. Por supuesto, en realidad no lo hace, pero pierdo el control de mis músculos y mi capacidad para hablar, no puedo modular mi voz o enviar realmente señales desde mi cerebro a mi cuerpo para calmarme. Es como si mi cerebro…, como algo de último minuto, enviara una gran cantidad de energía al resto de mi cuerpo, pero no hay instrucciones sobre cómo se debe usar esa energía, por lo que todo se va y está fuera de mi control”.

Devra es más concreta “Es como un volcán. Crece y crece, se desarrolla rápido en una gran explosión y es el fuego el que destruye hasta que todo se va”.

La tercera experiencia la aporta Chi: “me siento atrapado. Tengo una extraña tensión en mi cabeza o en mis brazos que salir. Todo a mi alrededor de repente se siente extremadamente real como si acabara de salir del agua, siento todo tipo de emociones a la vez y quiero huir de todas ellas. Pierdo de vista lo que es socialmente apropiado y empiezo a decir cosas que no quiero decir o algo que, en el fondo, he querido decir. Cuando eso sucede, termino lastimando a alguien o confundiendo a todo el mundo. La gente piensa porque ‘solo’ tengo Asperger, no debería tener crisis, pero las tengo. Sé que no son tan “destructivas” o “obvias” en comparación con una crisis que mi hermano tendría, pero aún soy capaz de tenerlos. La gente me dice ‘cálmate’, lo que solo me hace sentir más frustrado porque ya lo sé”.

Una vez que el colapso ha terminado, no puedo explicar a los demás por qué sucedió porque no es hasta más tarde en la noche (o aun más tarde) cuando me doy cuenta de que se trató de un colapso. Cuando llego a la conclusión, es demasiado tarde. Otros habrían olvidado lo que pasó o no les importaría. De cualquier manera, termino pareciendo una especie de “buscador de atención”.

Holly nos cuenta que una sobrecarga sensorial es como si estuviera girando fuera de control, sin suelo, sin aire, sin cielo, solo yo y miedo y furia y desesperación. Mis huesos vibran, se rallan, se astillan. Mi pecho está conectado a un vacío, atravesando mi pecho. Me despierto con hematomas y cortes y arañazos por agarrar algo, todo lo que puede llevarme de vuelta a la tierra. Mis recuerdos de crisis se borran por la mañana, y solo puedo recordar sentimientos vagos. Si me detengo en ellos demasiado tiempo, se vuelve demasiado intenso, y tengo otra crisis. No estoy avergonzado de ser autista. Me niego a serlo. El hecho de que forme lo que soy no significa que deba dejar que otras personas decidan cómo será. Pero Dios, las crisis son indescriptibles. Algo demasiado grande para mi pequeño cuerpo. Demasiado grande para este pequeño planeta. Doloroso, como hojas de afeitar, no sobre su piel, sino sobre su alma. Todo tu ser es retorcido por una fuerza externa, y cuando la gente dice ‘es solo un ruido’, ‘solo una discusión’, demuestran que realmente no lo entienden. Y a menudo, la solución es simple. A menudo, estoy gritando por eso. Haz que el zumbido se detenga”.

Haz clic aquí si quieres leer el artículo de Aitor completo 

Como vemos, aunque cada persona lo explica a su manera, hay puntos que se repiten, como “pérdida del control”, “dolor intenso”, “pérdida de consciencia…” etc.

CÓMO GESTIONARLAS

Muy bien, ahora sabemos cómo se siente una persona con autismo al sufrir una sobrecarga, pero, ¿qué podemos hacer nosotros?

QUÉ HACER…

ANTES

  • Conocer los desencadenantes. A cada persona diferentes situaciones pueden ser las que les provoquen estas crisis. Fíjate cuáles son las que se repiten en el caso de tu hij@. Pueden ser muchos, como decíamos, olores fuertes, ruidos intensos, etc
  • Reconocer los indicadores. Señales de advertencia:
    • Dificultad para pensar con claridad, tomar decisiones o responder preguntas
    • Repetir ideas y preguntas una y otra vez
    • Negarse a seguir instrucciones o a cooperar
    • Tratar de bloquear un estímulo sensorial o intentar esconderse o escaparse
    • Aumento de la actividad física, como caminar de un lado a otro y no poder quedarse quieto
    • Quejarse de síntomas físicos como mareo o palpitaciones
  • Intenta desviar la atención del desencadenante. Depende del caso, la crisis puede evitarse simplemente cambiando de actividad o alejándolo del lugar en el que está.
  • Paciencia. Habla lento y claro. Si estás nervioso le pondrás más nervioso. No le grites ni lo regañes. No le hagas preguntas con diferentes opciones, solo le confundirás.

DURANTE

  • Tranquilízalo. En este caso no podemos dar ninguna pauta ya que cada niñ@ se tranquiliza de una forma, mientras unos necesitan contacto físico otros prefieren estar solos. Otros tienen objetos con los que pueden tranquilizarse. En cualquier caso, hazle saber que no estás enfadado, que no pasa nada y que estás ahí con él.
  • Déjale espacio. Por ejemplo si estáis en un restaurante, centro comercial, etc trata de moveros a un sitio más tranquilo y sin gente.
  • Piensa que fue lo que desencadeno la sobrecarga para no repetirla. Si fue la experiencia en el centro comercial, quizás debas posponer las compras que tenías en mente hacer, si fue hablar sobre un tema en concreto, no lo vuelvas a mencionar al menos por el momento.

DESPUÉS

  • Dale tiempo para que se recupere. Quizás se siente abrumado o avergonzado por la crisis. Hazle saber que no estás enfadado y que no debe preocuparse.
  • Quizás sientas que necesitas hablar sobre ello nada más la crisis ha terminado, pero probablemente no es el mejor momento. Si quieres hablar sobre ello mejor déjalo para cuando ambos estéis calmados. No le recrimines nada o harás que se ponga a la defensiva.

Piensa que se requiere práctica para conseguir reducir estas sobrecargas. En ocasiones no se podrá hacer nada para evitarlas. Cada caso responde de forma distinta. Esperamos que algunas de estas pautas puedan servirte en el futuro 🙂

 

 

 

 

 

 

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