DECÁLOGO PARA EL PROFESIONAL DEL AUTISMO - El blog de CerQana

DECÁLOGO PARA EL PROFESIONAL DEL AUTISMO Por Theo Peeters

Theo Peeters, investigador y experto en autismo, y una de las primeras personas en afirmar que el autismo no es una enfermedad, escribió un decálogo especialmente pensado para los profesionales que trabajan día a día con personas con autismo.

Algunos profesionales nunca serán capaces de atender a una persona con autismo aunque estén perfectamente cualificados. Los profesionales idealmente deberían sentir un interés profundo por el autismo. No tiene sentido “forzar” a alguien a que trabaje con niños autistas. Los profesionales deben escoger por sí mismos trabajar con personas con autismo y esta elección no debe hacerse “a pesar del autismo”, sino “debido al autismo”. Theo Peeters nos deja este decálogo en el que se describen cómo debería ser un profesional que quiere ayudar a una persona con autismo.

  1. Sentirse atraído por las diferencias

Pensamos que ser un “aventurero mental” ayuda a sentirse atraído por lo desconocido. Hay personas que temen las diferencias, otras se sienten atraídas y quieren saber más sobre ellas.

  1. Tener una imaginación viva

Es casi imposible comprender lo que significa vivir en un mundo literal, tener dificultades en ir más allá de la información recibida, amar sin una intuición social innata. Para poder compartir la mente de una persona autista, que padece un problema de imaginación, se debe tener, en compensación, enormes dosis de imaginación.

  1. Capacidad para dar sin obtener la acostumbrada gratitud

Se tiene que ser capaz de dar sin recibir mucho a cambio, y no sentirse decepcionado por la falta de reciprocidad social. Con la experiencia, la persona aprenderá a detectar formas alternativas de dar las gracias, y la gratitud de muchos padres a menudo le compensará con creces.

  1. Estar dispuesto a adaptar el propio estilo natural de comunicarse y de relacionarse

El estilo que se requiere está más ligado a las necesidades de la persona con autismo que a nuestro grado espontáneo de comunicación social. Esto no es fácil de lograr y requiere muchos esfuerzos de adaptación, pero es importante reflexionar acerca de qué necesidades estamos atendiendo.

  1. Tener el valor de “trabajar solo en el desierto”

Especialmente cuando se empiezan a desarrollar servicios específicos en un área. Hay tan poca gente que comprenda el autismo, que un profesional motivado corre el riesgo de ser criticado en vez de aplaudido por sus enormes esfuerzos. Los padres han sufrido este tipo de críticas antes, por ejemplo cuando escuchan cosas como “todo lo que necesita es disciplina”, “si fuese mi hijo,….”, etc 

  1. No estar nunca satisfecho con el nivel de conocimientos propios

Aprender sobre el autismo y sobre las estrategias educativas más adecuadas es un proceso continuo, ya que el conocimiento en ambos campos evoluciona continuamente. La formación en autismo nunca se acaba y el profesional que crea que ya la tiene, en verdad la “pierde”.

  1. Aceptar el hecho de que cada pequeño avance trae consigo un nuevo problema

La gente tiene tendencia a abandonar los crucigramas si no pueden resolverlos. Esto es imposible en autismo. Una vez que se empieza, se sabe que el trabajo de “detective” nunca se acaba.

  1. Disponer de capacidades pedagógicas y analíticas extraordinarias

El profesional tiene que avanzar poco a poco y utilizar soportes visuales de manera muy individualizada. Hay que realizar evaluaciones con tanta frecuencia que uno debe adaptarse constantemente.

  1. Estar preparado para trabajar en equipo

Debido a la necesidad de una aproximación coherente y coordinada, todos los profesionales deben estar informados de los esfuerzos de los demás, así como de los niveles de ayuda proporcionados. Esto incluye a los padres, especialmente cuando el niño es pequeño.

  1. Humildad

Uno puede llegar a ser “experto” en autismo en general, pero los padres son los expertos sobre su propio hijo y se debe tener en cuenta su experiencia y conocimiento. En el autismo no se necesitan profesionales que quieran permanecer en su “pedestal”. Cuando se colabora con los padres es importante hablar de los éxitos, pero también admitir los fracasos (“por favor, ayúdeme”). Los padres también tienen que saber que el experto en autismo no es un Dios del Olimpo.

Hasta aquí la lista de Theo Peeters dedicada al profesional con TEA.

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